La respuesta reside, entre otras cosas, en el diseño multisensorial. Un espacio de trabajo bien planificado hace algo más que resultar atractivo a la vista. Tiene en cuenta lo que oímos, sentimos y percibimos en nuestro entorno, creando un ambiente que favorece la concentración y la productividad sostenida.
La concentración también es una cuestión de los sentidos
La oficina moderna está llena de estímulos. Las conversaciones, el movimiento, las pantallas, las notificaciones, las condiciones de iluminación cambiantes y las impresiones visuales compiten por nuestra atención. Al mismo tiempo, la oficina está pensada para facilitar la comunicación y la interacción, al tiempo que ofrece espacios para el trabajo individual concentrado.
Sedus INSIGHTS Nº 20, «Focus Office», explora precisamente esta tensión. El último número del Trend Monitor considera la concentración como un recurso estratégico. Muestra cómo las oficinas híbridas pueden convertirse en «oasis de concentración». Un punto clave en este sentido es que los materiales, la luz y la acústica influyen en el estado mental de las personas que se encuentran en la sala. Como resultado, el diseño multisensorial pasa de ser un valor añadido estético a convertirse en una herramienta funcional.

Luz: orientar la atención
La luz es uno de los factores ambientales más inmediatos en el lugar de trabajo. Demasiada luz puede distraer tanto como muy poca. A esto se suman las necesidades individuales, las diferentes tareas y el ritmo natural del día.
Por eso, la iluminación regulable cobra cada vez más importancia. Cuando los empleados pueden adaptar la iluminación a su tarea, a la hora del día y a sus preferencias personales, obtienen un mayor control sobre su entorno de trabajo.
No se trata simplemente de una cuestión de intensidad luminosa. La luz natural, la iluminación indirecta, el contraste y el diseño deliberado de diferentes zonas de iluminación pueden ayudar a definir y distinguir los espacios: una zona puede fomentar la interacción, otra crear un ambiente más tranquilo, mientras que en otros lugares se hace hincapié en el trabajo individual y concentrado.

Acústica: menos distracciones, mayor concentración
Una conversación a dos escritorios de distancia, una llamada telefónica espontánea o pasos al otro lado de la sala: es difícil aislarse de los estímulos acústicos. El habla, en particular, atrae naturalmente la atención, incluso cuando no tiene nada que ver con la tarea que se está realizando.
Por lo tanto, un buen diseño acústico no consiste en crear un silencio absoluto. Se trata más bien de reducir las perturbaciones no deseadas, al tiempo que se ofrecen diferentes cualidades acústicas para las distintas actividades.
Las superficies fonoabsorbentes, las mamparas, los materiales textiles, las soluciones de «habitación dentro de otra habitación» y una distribución bien planificada pueden ayudar a limitar el ruido allí donde se requiere concentración. Al mismo tiempo, las zonas destinadas a la comunicación pueden seguir siendo más animadas y dinámicas. De este modo se crea un paisaje acústico que responde a las necesidades de cada actividad.
Esto es especialmente importante en la oficina híbrida. Cuando los empleados toman la decisión consciente de acudir a la oficina, deben tener a su disposición no solo espacios para la colaboración, sino también una alternativa real para el trabajo individual y concentrado.

Táctil: por qué las superficies pueden aportar algo más que un simple aspecto atractivo
Aunque la luz y la acústica se asocian fácilmente con el bienestar en la planificación de oficinas, hay un sentido que a menudo queda en un segundo plano: el tacto.
Al hacerlo, estamos en contacto físico constante con nuestro entorno de trabajo. A lo largo del día tocamos superficies de mesas, reposabrazos, tejidos, tiradores y otros materiales. Ya sean lisas o texturizadas, frías o cálidas, duras o blandas: la materialidad da forma a nuestra percepción de un espacio.
Las texturas naturales y las superficies variadas pueden aportar profundidad y una agradable calidad sensorial al entorno. Además, ofrecen un contraste muy bienvenido con las superficies digitales lisas que dominan gran parte de la jornada laboral.
Esto añade otra dimensión a la elección de los materiales: las superficies no se limitan a cumplir requisitos funcionales y de diseño. Se convierten en parte de una experiencia multisensorial global. Lo que importa no es un único material, sino la interacción armoniosa de las distintas impresiones sensoriales.
«Multisensorial» no significa: tantos estímulos como sea posible
Una oficina multisensorial no debería aspirar a ofrecer la mayor estimulación sensorial posible. Al contrario, un buen diseño multisensorial consiste en reducir la competencia sensorial y crear equilibrio.
La luz, la acústica, los colores, las superficies y los materiales no deben competir por llamar la atención. Por el contrario, deben combinarse para crear una atmósfera coherente. Por ello, especialmente en las zonas de concentración, la moderación puede ser una virtud: una iluminación agradable, la reducción de las distracciones acústicas, los materiales naturales y una estructura espacial clara pueden contribuir a crear un entorno que favorezca la concentración.
Al mismo tiempo, cada persona percibe de forma diferente qué estímulos le resultan agradables o molestos. Por lo tanto, el diseño multisensorial también aborda el tema de la neurodiversidad. Sedus INSIGHTS n.º 20 destaca que los entornos de trabajo modernos deben tener en cuenta las diferentes necesidades en cuanto a percepción y concentración. El objetivo no es, por tanto, crear un único puesto de trabajo «perfecto» y universal, sino ofrecer una variedad de entornos entre los que las personas puedan elegir en función de sus necesidades y actividades individuales.
Del puesto de trabajo al espacio de concentración
Esto también cambia el enfoque de la planificación de las oficinas. En lugar de equipar todos los puestos de trabajo de la forma más idéntica posible, los entornos de trabajo pueden ofrecer diferentes cualidades sensoriales.
Una zona fomenta la comunicación y los encuentros espontáneos. Otra ofrece aislamiento visual y acústico. Y otra combina materiales naturales, una iluminación agradable y elementos biofílicos para crear una atmósfera especialmente tranquila. De este modo, los empleados pueden decidir qué entorno les conviene en cada momento, en función de la tarea que tengan entre manos y de sus necesidades personales.

La concentración surge de la interacción
El trabajo concentrado no se consigue con una sola lámpara, una mampara acústica o una superficie concreta. Tampoco es la concentración únicamente una cuestión de disciplina personal. Surge de la interacción entre el espacio, el diseño, la tecnología, la organización y la cultura empresarial.
El diseño multisensorial de la oficina puede crear condiciones importantes para ello. Una iluminación regulada reduce la fatiga visual innecesaria. Una acústica bien diseñada mantiene a raya los ruidos molestos. Los materiales y las superficies aportan a los espacios una calidad táctil y natural. Por último, los entornos flexibles permiten a las personas decidir por sí mismas qué entorno necesitan para su tarea actual.
De este modo, la oficina no se vuelve menos estimulante a toda costa, sino más consciente de la estimulación.
Y quizá esta sea precisamente una de las tareas más importantes para los entornos de trabajo del futuro: no competir aún más por nuestra atención, sino crear espacios que la respeten.
Más información sobre el tema «Focus Office»
Sedus INSIGHTS Nº 20 analiza en detalle cómo las oficinas híbridas pueden favorecer el trabajo concentrado. Entre otras cosas, la revista de tendencias examina el diseño multisensorial, la neurodiversidad, el diseño biofílico, los conceptos de espacio flexible, la «Calm Tech» y los requisitos culturales para una mayor concentración en el día a día laboral:
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