Espacio peripersonal (PPS): la lógica neurológica detrás del buen diseño del lugar de trabajo

Espacio peripersonal (PPS): la lógica neurológica detrás del buen diseño del lugar de trabajo

Las investigaciones neurocientíficas de los últimos años han demostrado que la concentración no solo viene determinada por lo que oímos o vemos, sino también por el control que sentimos que tenemos sobre nuestro entorno inmediato. Sedus INSIGHTS Nº 20 examina el concepto central que hay detrás de esto: el espacio peripersonal (PPS).

¿Qué es el espacio peripersonal?

El espacio peripersonal se refiere al área inmediata alrededor de nuestro cuerpo. Es el espacio en el que el cerebro procesa continuamente la información sensorial para prepararse para las acciones y garantizar la seguridad.

Los estudios de EEG confirman que el cerebro actualiza dinámicamente este espacio basándose en estímulos visuales, táctiles y acústicos. Si se acercan objetos, cambia el ruido de fondo o alguien se mueve detrás de nosotros, la red neuronal reacciona inmediatamente.

Por lo tanto, el PPS no es una «distancia» estática, sino un sistema neurofisiológico muy activo que nos ancla en el aquí y ahora.

Consta de cuatro dimensiones:

  1. Visual: detecta los objetos que se acercan, evalúa la velocidad y la dirección.
  2. Acústica: registra los sonidos cercanos y direccionales, incluso si su fuente no es visible.
  3. Táctil: responde al tacto y advierte del contacto inminente con la piel.
  4. Proprioceptiva: proporciona información sobre la postura, el movimiento y la orientación espacial.

En conjunto, estos sistemas garantizan que nos sintamos seguros o, por el contrario, alarmados.

Por qué el PPS afecta a la concentración

Nuestro cerebro está programado para reconocer las amenazas potenciales en las inmediaciones. Si falta la sensación de protección o control, el espacio peripersonal se expande.

Esto significa que escaneamos más. Escuchamos con más atención. Reaccionamos más rápido.

Esto significa que la concentración requiere más energía.

Cuanto menos seguro nos sentimos en el espacio, más permanece nuestro cerebro en modo de alerta. Incluso si no hay un peligro real, esta «preparación» permanente consume recursos cognitivos.

Diferentes espacios peripersonales en el entorno de trabajo

El diseño del lugar de trabajo influye directamente en el tamaño y la estabilidad de nuestro espacio peripersonal.

  • Sin protección: si los empleados se sientan libremente en la sala, sin protección trasera o lateral, el PPS aumenta. El cerebro compensa la falta de seguridad espacial con un mayor estado de alerta para mejorar la sensación subjetiva de control.
  • Protección trasera parcial: una protección trasera estabiliza la zona posterior. Sin embargo, la zona delantera sigue requiriendo mucha atención. La concentración mejora, pero sigue siendo frágil.
  • Protección trasera + lateral: con un blindaje lateral adicional, el PPS se vuelve más pequeño y estable. El cerebro reduce su estado de alerta. Los recursos cognitivos están más disponibles para la tarea en cuestión.
  • Protección de 360°: un espacio protegido y claramente definido reduce significativamente el estado de alerta. El PPS se reduce y aumenta la sensación de control, lo que crea las condiciones óptimas para trabajar con concentración.

El contexto social cambia el PPS

La dimensión social también es interesante: las investigaciones muestran que el espacio peripersonal permanece claramente definido al comienzo de una tarea cooperativa: cada persona mantiene inicialmente su espacio personal individual.

Sin embargo, en el transcurso de una colaboración exitosa, estos límites se disuelven parcialmente. Surge un espacio compartido para la acción.

Para el diseño del lugar de trabajo, esto significa que los espacios deben facilitar tanto la concentración individual como la dinámica cooperativa. La protección y la apertura no son opuestas, sino requisitos situacionales.

El diseño no comienza en la sala, sino en el lugar de trabajo

Un cambio crucial de perspectiva es que el punto de partida para un buen diseño no es el espacio en su conjunto, sino el lugar de trabajo tal y como lo experimenta cada persona.

¿Cómo se ve la sala desde esta posición concreta? ¿Qué ocurre detrás de mí? ¿De dónde provienen los ruidos? ¿Qué claridad tienen mis límites visuales?

El diseño que favorece la concentración no surge de la abstracción. Surge donde las personas se sientan, piensan y trabajan.

La neurológica como principio de planificación

Cuando planificamos entornos de trabajo, siempre estamos diseñando estados neuronales. Las líneas de visión, las pantallas, la calidad acústica y el mobiliario influyen directamente en el tamaño y la estabilidad del espacio peripersonal y, por lo tanto, en la sensación de control.

Un buen diseño del lugar de trabajo reduce la vigilancia innecesaria. Crea seguridad sin aislamiento. Y permite concentrarse sin aislamiento.

Porque la concentración no es una coincidencia. Es el resultado de un diseño neurológico.

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