En la entrevista con el experto «La concentración se puede activar», el científico cognitivo Fabio Paglieri explica por qué la concentración no es un estado fortuito, sino el resultado de una regulación deliberada, tanto individual como espacial.

Atención y concentración: una distinción necesaria
A menudo se trata la atención y la concentración como sinónimos. Paglieri establece una clara distinción entre ambas:
«La atención es como el haz de luz de un faro, que ilumina el objetivo y la naturaleza de la tarea. La concentración, por el contrario, es la capacidad de dirigir los recursos cognitivos hacia la dirección iluminada por la atención».
La atención marca un punto focal. La concentración moviliza los recursos necesarios para actuar sobre él: razonamiento, memoria, esfuerzo e intuición. Es más compleja y exigente, y requiere una alineación consciente.
En la vida laboral cotidiana, este estado resulta frágil. Entre correos electrónicos, videollamadas e intercambios informales, se producen continuos cambios cognitivos. El resultado no es solo una reducción de la eficiencia, sino a menudo una sensación difusa de fatiga.
La fragmentación como fuente de tensión
Una de las observaciones centrales de la entrevista se refiere a la relación entre el esfuerzo y el cansancio. Contrariamente a lo que se suele suponer, no es el trabajo intensivo lo que más nos agota, sino las interrupciones constantes.
«Quienes sufren fatiga laboral no son los que están comprometidos, sino los que se distraen constantemente».
La atención fragmentada crea una sucesión de tareas iniciadas, interrumpidas y reanudadas. Este modo consume energía sin producir un progreso tangible. La concentración, por el contrario, permite la continuidad y, con ella, una sensación de logro.
La concentración no es, por lo tanto, una carga adicional, sino una fuerza estabilizadora.

La influencia del contexto
Paglieri destaca que la dificultad para concentrarse no se debe a una disminución de la capacidad cognitiva, sino al contexto en el que actuamos.
«La distracción constante es uno de los mayores riesgos de la sociedad contemporánea».
Las herramientas digitales se han vuelto indispensables, pero al mismo tiempo multiplican las posibles interrupciones. Cada notificación, cada canal de comunicación paralelo implica un cambio de atención. Estos cambios conllevan costes cognitivos que a menudo se subestiman.
Para los lugares de trabajo híbridos, esta idea es significativa. La colaboración por sí sola no puede servir como principio rector. Son igualmente necesarias estructuras que permitan fases de concentración ininterrumpidas.
El espacio como elemento estructurante
Los espacios de trabajo no son contenedores neutros. Moldean la percepción, el comportamiento y los estados mentales. Paglieri se refiere al concepto psicológico de «affordance»: las posibilidades de acción que ofrece un entorno.
«En el pasado, se creía que los espacios debían ser estériles y libres de distracciones; en cambio, deben ser funcionales para la tarea.» (p. 20)
Lo que importa no es la ausencia de estímulos, sino la coherencia. Una biblioteca ofrece un claro ejemplo: los materiales, la iluminación, la acústica y el mobiliario favorecen el propósito de la lectura y la reflexión sin parecer austeros.
Sedus INSIGHTS ilustra cómo este principio puede trasladarse a los lugares de trabajo contemporáneos: a través de zonas diferenciadas que se adaptan a distintos modos de atención, desde áreas comunicativas hasta espacios protegidos para la concentración.
La autonomía como requisito previo
La concentración está estrechamente ligada a la sensación de control. La capacidad de influir en el entorno refuerza la autorregulación. Esto se aplica tanto a los entornos digitales como a los físicos.
Los casos prácticos presentados en Sedus INSIGHTS lo expresan claramente:
«En I-AM creemos que la concentración no solo tiene que ver con el silencio, sino con la autodeterminación».
La posibilidad de elegir, las estructuras modulares y las zonas de retiro claramente definidas crean las condiciones para que cada persona pueda decidir dónde y cómo trabajar, en función de la tarea que tenga entre manos. La flexibilidad se convierte así en una ventaja cognitiva.

Concentración y recuperación
La concentración no es un estado permanente. Sigue un ritmo natural de esfuerzo y recuperación. Paglieri sugiere que los descansos no deben limitarse a interrumpir el trabajo, sino regenerar activamente la energía.
«No debemos dudar en crear zonas de descanso verdaderamente atractivas y motivadoras dentro de los entornos de trabajo».
Los espacios de descanso bien diseñados, las cafeterías de trabajo o los elementos biofílicos pueden ayudar a recuperar la energía en lugar de limitarse a amortiguar la estimulación. La concentración surge de la interacción entre la actividad y la renovación.
Una dimensión cultural
Más allá del diseño espacial y la tecnología, la cultura organizativa desempeña un papel decisivo. Las estructuras de reunión, las expectativas de disponibilidad y el comportamiento del liderazgo influyen en el espacio dedicado al trabajo concentrado.
Por lo tanto, la concentración no es solo una cuestión arquitectónica, sino también organizativa.
Sedus INSIGHTS subraya una conclusión clara: las oficinas híbridas deben facilitar el intercambio al tiempo que protegen la atención. Los distintos niveles de estimulación, las transiciones bien pensadas y las zonas de concentración diseñadas deliberadamente proporcionan el marco para este equilibrio.
La concentración es un recurso finito. Cuando se fomenta de forma intencionada, no solo genera mejores resultados, sino también una mayor claridad y satisfacción en la vida laboral cotidiana.
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