Pero esta estabilidad trae nuevas preguntas. Si la oficina ya no se llena como antes, ¿qué sentido tiene? ¿Cómo deben adaptarse los espacios? ¿Y qué está pasando realmente dentro de los edificios corporativos?
Oficinas a medio gas (y concentradas a mitad de semana)
Los datos internacionales más recientes muestran que la ocupación media de las oficinas se mueve en torno al 50–60 %. Es decir, lejos de los niveles previos a la pandemia.
Además, la asistencia se concentra claramente a mitad de semana. Los martes se han convertido en el día estrella, mientras que los viernes siguen siendo los más tranquilos. En la práctica, muchas organizaciones funcionan con una especie de «semana presencial de tres días», aunque no siempre esté formalmente establecida.
¿El resultado? Oficinas con picos de saturación en determinados días y bastante espacio vacío el resto del tiempo. Un desequilibrio que obliga a replantear cómo se gestionan y diseñan los entornos de trabajo.

Ya no se trata de obligar, sino de convencer
Uno de los cambios más interesantes no es cuantitativo, sino cultural. La discusión ya no gira tanto en torno a cuántos días hay que ir a la oficina, sino a para qué ir.
Hoy la oficina compite con el hogar. Y eso significa que debe ofrecer algo que merezca el desplazamiento: oportunidades reales de colaboración, espacios adecuados para concentrarse o momentos de conexión informal que no se producen en remoto.
Algunas empresas están experimentando con fórmulas más flexibles, como días coordinados por equipos o viernes sin reuniones. La idea es clara: si quieres que la gente venga, el entorno tiene que aportar valor.

Salas grandes vacías y pequeñas siempre ocupadas
Otro fenómeno llamativo tiene que ver con el uso del espacio. Muchas oficinas siguen contando con grandes salas de reuniones que, en realidad, apenas se utilizan. La mayoría de los encuentros se celebran en grupos reducidos. Al mismo tiempo, aumenta la demanda de espacios pequeños y cerrados. Muchos profesionales utilizan salas de reunión para hacer videollamadas o trabajar de forma concentrada, especialmente en entornos Open Space donde el ruido puede ser un problema.
En la práctica, están surgiendo nuevas necesidades: más cabinas individuales, como el nuevo refugio se:hive, mejores soluciones acústicas y espacios pensados específicamente para llamadas y trabajo concentrado, como el ya consolidado se:cube. No se trata solo de tener más metros, sino de tener los metros adecuados.

Más café y menos escritorio tradicional
También está cambiando el tipo de espacios que más se utilizan. Las zonas informales —Work Cafés, lounges, áreas comunes— están ganando protagonismo. La oficina ya no es solo un lugar para sentarse frente a una pantalla, sino un entorno para conectar, intercambiar ideas y reforzar la cultura de equipo.
Las llamadas «colisiones casuales» (encuentros espontáneos en un pasillo o junto a la máquina de café) se han convertido en uno de los grandes argumentos a favor de la presencialidad. Esto explica por qué muchas oficinas están adoptando un diseño más cercano al mundo de la hospitalidad: espacios más cómodos, más sociales y más versátiles.

¿Y en España?
En España, el modelo híbrido también se ha consolidado, según el último estudio publicado por InfoJobs. Algo más del 15 % de las personas ocupadas teletrabaja al menos algunos días, y más de una cuarta parte combina trabajo remoto y presencial de forma habitual cuando su puesto lo permite.
Sin embargo, no todo es armonía. Para muchos trabajadores, la flexibilidad es ya un factor decisivo a la hora de permanecer en una empresa. Al mismo tiempo, muchas organizaciones no prevén grandes cambios en sus políticas actuales. Esa tensión forma parte del nuevo escenario laboral.
La oficina del futuro será más intencional

Todo apunta a que no veremos un regreso masivo al modelo 100 % presencial. El trabajo híbrido se ha estabilizado y las empresas deben adaptarse a esta realidad. El foco ya no está en llenar escritorios, sino en rediseñar los espacios para que respondan a cómo trabajan realmente las personas hoy: combinando colaboración, concentración e interacción informal.
La oficina no desaparece, pero evoluciona. Será menos automática y más intencional. Menos basada en la presencia por obligación y más en la experiencia que ofrece. Y esa transformación, lejos de haber terminado, apenas está comenzando.
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