El ciclo de concentración: cómo los espacios permiten el «flujo»

El ciclo de concentración: cómo los espacios permiten el «flujo»

La concentración sigue un ritmo

Sedus INSIGHTS Nº 20 deja claro que la concentración profunda es limitada en el tiempo y cíclica. Entrar en un estado de concentración lleva tiempo; la fase de atención sostenida solo dura un cierto periodo antes de disminuir inevitablemente. Para muchas personas, unas cuatro horas de concentración profunda al día es un punto de referencia realista, distribuidas en varios ciclos. 

Para el diseño de entornos de trabajo, esto lleva a una conclusión clara: 
el objetivo no es crear espacios para un alto rendimiento permanente, sino favorecer la alternancia entre el esfuerzo y la recuperación mediante el diseño espacial. 

El flujo requiere más que silencio

El estado de flujo, esa profunda inmersión en una tarea, no surge solo de la tranquilidad o el aislamiento. Estas «revelaciones» muestran que, a lo largo del día, las personas pasan por diferentes modos de atención: desde una concentración ligera y moderada hasta fases de concentración profunda. 

Lo que importa es si los espacios facilitan o dificultan estas transiciones. 

Por lo tanto, los espacios que favorecen el flujo deben combinar dos cualidades: 

  • Estabilidad, para reducir las distracciones y proporcionar orientación.
  • Continuidad, para permitir transiciones fluidas entre la concentración y la recuperación 

Una sala de concentración aislada, sin conexión con su entorno, puede ser tan contraproducente como un espacio de trabajo abierto sin oportunidades de retirarse. El flujo surge cuando las personas se sienten seguras, en control y libres para moverse entre diferentes estados. 

El espacio peripersonal como factor de diseño

Un concepto clave en Sedus INSIGHTS es el espacio peripersonal (PPS), el área inmediata que rodea al cuerpo y en la que el cerebro integra la información sensorial. Desempeña un papel crucial a la hora de que las personas se sientan presentes, orientadas y capaces de realizar acciones sostenidas. 

Para la planificación espacial, esto significa: 

  • La concentración surge cuando las personas tienen control sobre la proximidad, la distancia y los estímulos sensoriales.
  • Los protectores traseros y laterales, los materiales textiles, la iluminación suave y la protección acústica ayudan a estabilizar el PPS.
  • Los entornos demasiado estériles o excesivamente estimulantes lo desestabilizan y socavan la concentración. 

Muchas personas reconocen el momento en el que dejan de sentirse «ancladas» en un espacio. Es precisamente ahí donde se rompe la concentración. 

La concentración y la recuperación requieren el mismo valor espacial

Sedus INSIGHTS presenta los entornos de trabajo como una secuencia de espacios alineados con el ciclo de concentración humano: zonas de transición, áreas de trabajo tranquilas, espacios para la concentración profunda, complementados con áreas dedicadas a la recuperación deliberada. 

Esto cambia fundamentalmente la forma de entender el espacio: 

  • Las áreas de recuperación no son espacios residuales o secundarios, sino que forman parte integral del sistema de concentración.
  • Las zonas de transición son más que áreas de circulación: apoyan activamente el cambio mental.
  • Las cafeterías de trabajo, las bibliotecas y las zonas de asientos blandos cumplen una función regenerativa, no solo social. 

No todos los espacios tienen que indicar la máxima productividad. Algunos espacios existen para hacer posible la productividad en primer lugar. 

Planificar en función de las transiciones, no de las funciones

Tomarse en serio el ciclo de concentración replantea las cuestiones tradicionales de planificación: 

  • No: ¿Cuántos escritorios de concentración se necesitan? 
    Sino: ¿Cuántos cambios de estado se admiten?
  • No: ¿Dónde hay más silencio? 
    Sino: ¿Dónde resulta más intuitivo retirarse?
  • No: ¿Cómo se separan las funciones? 
    Pero: ¿Cómo se diseñan las transiciones? 

A menudo, el mayor impacto no reside en cada habitación individual, sino en la coreografía de los espacios y en las señales implícitas que envían. 

El flujo no es un espacio, sino una interacción

El ciclo de concentración muestra que el flujo no se puede forzar, pero se puede facilitar a través del espacio. Los entornos de trabajo que entienden la concentración, el movimiento y la recuperación como un sistema interconectado favorecen no solo el rendimiento, sino también el bienestar y la satisfacción. 

Por lo tanto, una buena planificación espacial no crea zonas de concentración permanentes, sino un ecosistema finamente ajustado de cualidades espaciales, alineado con los ritmos naturales de las personas que trabajan en ellas.

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