Espacios de transición: los facilitadores subestimados entre el trabajo en equipo y la concentración

Espacios de transición: los facilitadores subestimados entre el trabajo en equipo y la concentración

Espacios intersticiales: La infraestructura invisible para un trabajo productivo

El mundo laboral es híbrido desde hace tiempo, pero muchas oficinas aún no están diseñadas de forma coherente para reflejar esta realidad. Si bien existen zonas para el trabajo concentrado y áreas para la colaboración, los estudios sugieren que es precisamente esta diversidad la que resulta crucial para la satisfacción y el rendimiento. Sin embargo, a menudo falta el nexo entre estos dos mundos: los espacios intermedios.

Estas áreas de transición siguen recibiendo poca atención en muchos conceptos de oficina.

 

«Durante mucho tiempo, la planificación de las oficinas se concebía en términos de funciones claramente definidas: puestos de trabajo, salas de reuniones, zonas de descanso. Todo lo que había entre medias se consideraba espacio sobrante y, por lo tanto, no se tenía en cuenta ni estratégicamente ni en términos de diseño»,

explica Mojdeh Barkhordar, directora del equipo de diseño de espacios de trabajo de Sedus.

Los espacios intersticiales son zonas espaciales y funcionales entre áreas claramente definidas, que ofrecen una amplia gama de posibilidades de uso y experiencia.

El factor decisivo es la transición

Hoy en día, el trabajo productivo significa, sobre todo, una cosa: la transición fluida entre diferentes actividades. Los entornos de trabajo exitosos permiten cambiar rápidamente entre el trabajo individual y el trabajo en grupo. Por eso son tan importantes los espacios de transición.

No son simplemente «espacios sobrantes», sino que conectan salas y también formas de trabajar. En ellos surgen transiciones entre la concentración, la interacción y el movimiento. Es precisamente esta dinámica la que define el trabajo moderno, y requiere espacios que hagan todo esto posible.

Mojdeh Barkhordar, jefa del equipo de diseño de espacios de trabajo

Sin embargo, esta transición no es solo una cuestión de organización, sino también de diseño espacial. Sin transiciones adecuadas, surgen interrupciones: la concentración se rompe, las reuniones comienzan sin una fase de preparación mental y se pierde el flujo. Los errores más comunes son:

  • Mobiliario inexistente o inadecuado
  • Acústica descuidada
  • Falta de invitación a utilizar el espacio
  • Mala calidad de la estancia, p. ej., debido a una iluminación deficiente

Proyectos que han encontrado soluciones para los espacios intersticiales

Espacios que crean transiciones

Un pasillo es, a primera vista, simplemente una vía de paso. Solo a través de un diseño bien pensado, la atmósfera adecuada y oportunidades específicas de uso se convierte en una zona de transición genuina y utilizable.

Ya sean nichos abiertos, salones semipúblicos o zonas de comunicación a lo largo de los pasillos, crean una narrativa espacial que favorece la transición. En lugar de rupturas bruscas, surgen transiciones suaves.

Al mismo tiempo, cumplen una segunda función, a menudo subestimada: son lugares para la interacción informal. Al fin y al cabo, se ha demostrado que los encuentros espontáneos, en particular, tienen un efecto positivo en el trabajo en equipo y el rendimiento.

De este modo, los espacios de conexión se convierten en espacios de trabajo activos.

Los tres principios de diseño más importantes para garantizar que los espacios de transición funcionen son:

  • Identificar e implementar las necesidades de uso
  • Una zonificación clara, pero suave
  • Crear ambiente a través de la iluminación, la acústica, los materiales y el mobiliario

Las buenas zonas de transición invitan a la gente a quedarse y son flexibles en su uso. Las malas parecen meros pasillos; son ruidosas, anónimas y no ofrecen ningún valor añadido real.

Planificación de espacios de transición en edificios existentes

Los espacios de transición también pueden integrarse en oficinas ya existentes. A menudo basta con medidas sencillas, como una zonificación bien pensada, un mobiliario bien concebido, una iluminación específica o el uso de moquetas, para liberar este potencial. Que los espacios de transición se utilicen de forma intuitiva o requieran una fase de aprendizaje depende de la situación inicial. Si estos espacios son nuevos, a menudo se necesitan medidas de acompañamiento, como la gestión del cambio. Sin embargo, las zonas de transición bien diseñadas suelen hablar por sí mismas, aunque sea necesario un cierto tiempo para acostumbrarse a ellas.

El movimiento como parte del proceso de trabajo

Los conceptos de oficina modernos ya no conciben el trabajo como algo estático. En su lugar, los empleados se desplazan por diferentes zonas a lo largo del día, y esa es precisamente la ventaja clave. Al fin y al cabo, quienes cambian de espacio de trabajo tienen más probabilidades de desarrollar nuevas ideas y perspectivas. El movimiento se convierte así en una parte integral del trabajo. Los espacios de transición estructuran este movimiento: ralentizan las cosas, las aceleran, invitan a quedarse y, de este modo, crean la base para una reorientación mental.

El trabajo híbrido está cambiando la importancia de estos espacios. Y es que, precisamente cuando la presencia física se elige de forma más consciente, los encuentros espontáneos y la interacción social cobran importancia. Es aquí donde los espacios de transición resultan cruciales.

Un diseño que causa impacto

Para la planificación, esto significa que los espacios de transición deben diseñarse deliberadamente, no como un espacio sobrante, sino como una tipología espacial diferenciada.

Entre los aspectos clave se incluyen:

  • Un espectro de apertura y privacida
  • Un mobiliario acogedor y estimulante
  • Oportunidades para quedarse de forma espontánea
  • Descanso visual y acústico

Esto crea espacios que facilitan tanto el retiro como la interacción, y así facilitan la transición entre ambos.

Las «zonas periféricas» suelen funcionar mejor para períodos cortos de trabajo concentrado que las estaciones de trabajo tradicionales.

Son menos visibles y, por lo tanto, crean automáticamente una sensación de retiro. Se sitúan alejadas del núcleo principal de actividad, lo que reduce las distracciones, lo que las hace ideales para periodos de trabajo cortos y concentrados.

Mojdeh Barkhordar, jefa del equipo de diseño de espacios de trabajo

Conclusión: Los espacios intersticiales son más que simples conexiones

La calidad de los entornos de trabajo modernos no viene determinada únicamente por las zonas de concentración o de colaboración. Surge de la interacción entre ellas, y especialmente en las transiciones.

Los espacios de transición son, por lo tanto, mucho más que simples zonas de circulación: son amortiguadores cognitivos, centros sociales y elementos estratégicos de un diseño de oficina eficaz.

La oficina del futuro no es una yuxtaposición de salas, sino una experiencia espacial continua. Según Mojdeh Barkhordar, los espacios de transición son, «sobre todo, cada vez más diversos y matizados. En el pasado, quizá simplemente se hubiera colocado un sofá en algún lugar. Hoy en día, las zonas de transición se diseñan deliberadamente, con diferentes funciones, como áreas de concentración, zonas de silencio, espacios sociales o zonas de taller».

En el futuro, las empresas ya no deberían pensar en términos de categorías tradicionales de espacios —puestos de trabajo, salas de reuniones, zonas de descanso—, sino más bien en términos de experiencias y de la calidad del movimiento dentro del espacio. No se trata solo de eficiencia, sino de crear específicamente espacios para la interacción, la transición y el uso informal.

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